Lecciones de una tormenta en el país más feliz de Latinoamérica

El paso de la tormenta Nate nos deja grandes lecciones

El paso de la tormenta Nate nos inundó el corazón de escenas estremecedoras. El agua fue dueña, tirana y señora inclemente, pariente del viento furioso con todo y todos;  ambos se dieron la mano en esta tormenta, fatal mezcla de soberbia que nos arrebató 8 vidas, y tiene a 7 mil  durmiendo bajo un techo ajeno en un albergue, poniendo su cabeza sobre la almohada de la incertidumbre, cobijados con el frío de la desolación. 

Pero igualmente vimos escenas como esta.

La tormenta Nate nos recordó el poder de la solidaridad
La tormenta Nate nos recordó el poder de la solidaridad

Porque en el país más feliz de América Latina lo que nos arrodilla nos levanta.  Es tener en la mano una moneda de dos caras y decidir con cuál nos quedamos y cuánto valemos; cuánto vale el dolor, lo que se perdió, lo irrecuperable, y cuánto vale la vida.  

Los cuerpos de socorro son una de las razones por la que estoy segura que el lado elegido de la moneda es el de la solidaridad.  Donde no hay un puente hay alguien dando aliento, tendiendo la mano, deslizando un cordón para ayudar a pasar. De esto han dependido vidas humanas y macostas incluso.

No existe el azar cuando se decide de qué lado estar, si de la indiferencia o del compromiso. El Hotel y Restaurante Tapantí publicó esto:

El Hotel Tapantí se solidarizó tras el paso de la tormenta Nate
El Hotel Tapantí se solidarizó tras el paso de la tormenta Nate

En un continente tan desigual, los ticos no somos más felices porque no nos pasen cosas que nos desaniman;  claro que sí suceden y las desgracias vienen a veces con el sólo acto de respirar.  No somos los más felices porque todos tengamos las manos limpias;  existen episodios vergonzosos que se tejen en oficinas, con llamadas,  tomadas de café y tratos putrefactos que manchan la piel de cualquier Patria, por más sonriente y verde que salga en alguna foto del face.

Si somos de los más felices es porque hemos entendido que somos muy pocos y que no podemos estar tranquilos mientras haya alguien con hambre a la par.

Conozco gente en mi poderosa Costa Rica que desde ya está preparando un contingente de ayuda para quienes están llorando la casa que se les llevó el río;  sé de quien está comprando pañales para consolar a un bebé y a sus padres;  me enteré sobre un grupo de whatsap  que se está organizando para ir a cantarles y leerles cuentos a los niños damnificados.

La tormenta Nate sigue su curso sembrando dolor con esa desafortunada complicidad de agua y viento, pero si están afiladas las uñas inmisericordes de este fenómeno que desgarra lo que encuentra a su paso, es cierto también que hay todo un arsenal de voluntades luchando teledirigidos para paliar el dolor en el alma de los que han perdido todo.

Es momento de ser el país más feliz de América Latina no porque salimos rankeados así en una lista, sino porque el feliz quiere que los demás lo sean y no descansa hasta que eso sea real desde la posición en la que esté, con lo que tenga, con lo mejor que puede compartir.

 

 

 

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