Mi plan B

Esto lo aprendí del hoy cuestionado Donald Trump, Presidente electo de los Estados Unidos. He de confesar que un tipo tan altanero como ese me llamó la atención un día que lo ví en  la tele en “The apprentice”. Me capturó la intensidad del reality show,  la vehemencia con la que emitía sus juicios,  aunque en las últimas temporadas el muñequito se fue deshaciendo y  fue decayendo en sorpresas muy predecibles con los “invitados” a la Tower Trump.

Pero aprendí dos cosas muy muy simples que me han servido maravillosamente: “Si tienes el teléfono del gerente, ¿para qué llamar a la secretaria?”, a lo que yo le agregaría “Señor Trump, si la secretaria es buenísima en su trabajo, tenga en su celular ese número porque fijo le ayudará”.   Y la segunda:  “Siempre hay que tener un plan B”.

En el plan B me detengo. ¡Hay tantas oportunidades en que mi vida es todo menos el plan A que me había trazado!.  Por eso un día me preguntaron ¿Dónde se ve en 5 años usted?  Y dije: “Donde la vida me tenga guardada una bendición. Ahí, donde Dios quiera estaré y ha de ser mejor, mil veces mejor de lo que imagino, por dicha!”.  Claro que tengo un proyecto donde me veo en 5 años pero todo empieza con el gran milagro de la vida que no sé si la tendré de aquí a esa fecha. Le pido a Dios que sí!  Alguien que no piensa como yo decía que tener un plan B es ser irresponsable, es ser mediocre.  Y yo digo que más bien es todo lo contrario: Tantas ganas quiero de que mi meta y mi sueño se cumpla, que el plan A me resulta insuficiente.  Es tan completo mi compromiso con lo que quiero, que lejos de la mediocridad estoy preparada para que lo propuesto no sirva porque hay algo mejor.

Es algo así como cuando antes en los programas dominicales de entretenimiento, digamos en Fantástico, decía Leonardo Perucci:  “Señora, está esta cortina azul o quiere que veamos lo que hay detrás de la blanca?”.  Y uno decía “En qué zapato está metida esta fulana!, qué difícil”.  Bueno, los que tenemos plan B hemos negociado que la cortina azul y la blanca son parte de llegar a la meta. ¿Me explico?.

En todo caso, este enamoramiento de más de 4 décadas que tengo con la vida me lleva a abrazar siempre la posibilidad de que lo mejor esté por venir y de que la cortina blanca y la azul guardan sorpresas para mí que nadie me va a quitar.   Y he decidido que mi plan B sea ese espectacular que supera al A, porque el A, aún consultado y pensado, es mi granito de arena pero el B es ese que fue diseñado por el mismo que diseñó el universo, ese que tiene el color que desee el mismo pintor de los girasoles, ese que le puso velocidad al viento y lo hizo transparentemente misterioso, mi plan B y todo el abecedario dándole varias vueltas, es del que Todo lo Puede, todo lo Sabe y todo lo entiende.

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