Los para qué de los por qué sin respuesta

Recién sale del hospital mi amigo tras  una crisis de esclerosis múltiple. En cada crisis, una consecuencia. En cada consecuencia más dolor físico y nuevo tratamiento que no cura, sólo trata de aliviar y a veces no alivia, a lo sumo atonta y agota.  Con cada dolor, y eso es lo que más me impresiona, una sonrisa. Así es mi amigo, esposo y papá de un precioso hombrecito ;  un noble caballero,  un ser humano maravilloso que nos abraza fuerte cuando cruzamos la puerta de su casa. Antes de llegar le preguntamos si era inoportuno visitarlo pero me dice que nunca un abrazo es inoportuno. Entonces de camino a darle ese abrazo yo le pregunto muy brava a Dios ¿ por qué?.  Es más, mi amigo le sirve a Dios como pastor de jóvenes y jamás en su alma hay rencor para nadie. Ni siquiera para El,  a quien le dirijo hoy esta discusión y mi berrinche. No me revuelco en el piso como los chiquitos, esto es peor, se me revuelca el alma y lo hago  intensamente, con rabia. ¿Por qué Señor? Si quisieras, en una milésima de segundo lo curarías. Hiciste el cielo y la tierra, el aire que respiro, los árboles gigantes, el mar anchísimo, por qué no chinear a este siervo tuyo y librarlo del dolor?

La ráfaga de preguntas sigue dentro de mi y llegamos a la casa de mi amigo.  En la conversación, como siempre, hay mucha alegría de vernos, de reírnos, de raspar la realidad y sacarle cosquillas.  Pero por supuesto hay un momento en que hay que conversar sobre la esclerosis. Noto una cosa:  mi amigo cae en cuenta, esta vez, que esto va progresando. El médico ya se lo había dicho pero la palabra “progresiva” es imposible de evadir. Esta vez es un muro que le caería encima al ánimo del más fuerte.  Pero repito, mi amigo soporta ese muro con una sonrisa.  Entonces, la enfermedad no es su enemiga sino que se convierte en compañera de vida.  Mi amigo nos dice “No hay que entender por qué.  Dios todo lo hace perfecto. Jamás se equivoca, solo hay que seguir adelante, no queda de otra ” y yo trago grueso.  “Lo mío no es nada, a la par de lo que otros viven,”, dice de nuevo con esa luz que tiene en el corazón.

En la sala de la casa de mi querido Charly, acabo de entender que hay un para qué. Yo necesitaba escuchar de los labios de alguien que vive con dolor, que hay que seguir adelante haciendo lo mejor con lo que se tiene.  Necesitaba saber que aunque haya impotencia para curar, debe haber fe para seguir. Aunque haya un pronóstico, la chispa en los ojos nadie te la puede robar si no dejas que te la roben. Aunque los ojos físicos ven un cuerpo enfermo, los ojos del alma ven un espíritu fuerte, y somos infinitos en nuestro espíritu!

Son los para qué de un porqué que pasa a segundo plano y se desdibuja mientras nos despedimos y Charly nos dice “Que tengan un precioso día” mientras se apoya en un bastón y con la otra mano nos dice adiós, por supuesto mientras sonríe.  Gracias amigo por la lección.

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