Dinero, lo material…sí cuenta

El dinero vale, lo material sí cuenta pero es tu amo o tu siervo?

La señora que pegó la lotería, jamás se me olvida.  Cuando la entrevistan un año después, vivía en una casa más humilde que la que tenía antes de ganar el premio mayor.  El problema no fue tener el dinero, sino que semejante premio le borrara de la memoria que  la única manera de conservarlo era darle el lugar que corresponde pero ¿saben cuál lugar le dio esta señora al dinero?  Lo convirtió en su amo.  El le decía a ella qué hacer, qué comprar, en qué gastar, y ella como una marioneta se dejó mandar.  En un abrir y cerrar de ojos había perdido lo ganado.

Era Alejandro Durmas el que decía que el dinero es un buen siervo y un mal amo.  Porque lo material sí cuenta, por eso debiera ser siervo, herramienta, medio, jamás patrono, meta ni logro.  Los billetes compran zapatos pero no tus pasos. Los billetes te compran la cama pero no la paz para dormir.  Esto ilustra que lo material sí cuenta, perdón que lo vuelva a repetir, claro que cuenta, pero en la medida en que es siervo y no amo; en la medida en que no sustituya consciencias.

Queremos un techo, paredes que nos cubran, ropa que nos caliente… Pero de pronto más que techo queremos estatus, más que paredes que nos cubran queremos prestigio, más que ropa queremos marcas que nos “suban de categoría”...  Amo y no siervo.

En los divorcios, me dice un amigo, es muy usual que uno de los dos se quede con más que el otro; ciertamente la ley dice que todo se reparte en mitades pero para cálculos hay calculadoras y formas de usarlas, así que sigue siendo relativo.  La gente cataloga como “más inteligente” aquél que logra quitarle al otro lo que por derecho también le corresponde.  Porque vemos en las cosas no medios para vivir sino logros.  Y la distorsión aplaude al que “saca provecho” aunque al final ese sea más miserable que aquél que pensó en lo justo -y luchó por eso- y en su propia paz. 

Cierro, lo material sí cuenta, porque debe servirnos y no servirle, porque debe sumar en la libertad que tenemos y no en la prisión en la que podamos vivir.  Si tenés cosas, cuidalas, aprecialas;  si antes que tener sos, felicitate, no tenés amos. 

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