La hora del adiós

El adiós antecede una bienvenida. No tengas miedo.

Me encuentro recordando los momentos en que he tenido que decir adiós.  Han sido temidos por mi presente y celebrados por mi futuro. Despedirse no es algo bonito, por eso, me ha pasado, uno llora;  dar la bienvenida es algo maravilloso que sólo se hace si uno se despidió de algo.  ¿Muy simple? Sí, entonces por qué cuestan tanto los adioses!, son muy caros y creo entender por qué.

Pasa con las estaciones:  en Costa Rica decimos en resumen que hay estación lluviosa y seca. Es fácil comparar el corazón con esto. Mi país es tan diverso como mis emociones.  En la tarde llueve, huele a tierra mojada, suenan los techos de las casas como si hubiera alguien aplaudiendo sin cansarse; es la vida lloviendo.  Pero al día siguiente, en la mañana hace aparición su alteza el sol. Abraza, explota en belleza sobre las plantas, hace que las montañas se vean recortadas en el horizonte como si pudieras pasar una tijera y traértelas en el bolso.  Pero esto no dura.  Da paso a lo que viene.

Así de naturales han sido las despedidas y así se debieran tomar.

Si debes despedirte hacelo agradecida. Ese sol que se acaba de ir da paso a la lluvia. Dale la bienvenida al nuevo aire, prepárate para escuchar las gotas en tu techo, tendrás que abrigarte y no te preocupés porque como dicen, lo único constante es el cambio.  Ya vendrá el sol.

A mis adioses, gracias. Han sido caros porque dar a luz nuevos momentos requiere valentía. Adioses,   siempre han antecedido a bienvenidas desafiantes.  Nos seguiremos topando en la vida.

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