Mis fracasos valen más que el oro

Mis fracasos me llevaron al encuentro de mis éxitos

Mis fracasos ni regalados te los doy. Valen más que el oro.  Me recuerdan batallas, peleas y luchas.  Son míos muy míos.

Cada pedazo del corazón que se me ha desprendido y he tenido que pegar, es cicatriz de guerra. Y aquí estoy, latiendo aún.

A veces habré salido triunfante pero cuando no lo logré aprendí que estando en el lodo hay que pedir ayuda para poder salir. Constaté quienes son mis amigos y quienes me reconocen fuerte después de mostrarme débil y vulnerable.

Mis fracasos me llevaron a las profundidades de mis miedos y estando ahí pasé de gusano a mariposa. Asi conocí la fortaleza. Desplegué las alas, sentí el viento en mi rostro, me elevé. 

Mis fracasos me hicieron alcanzar nuevas alturas, cálidas,  porque en el abismo conocí el frio y elevándome hacia el sol se secaron mis ojos húmedos y vidriosos.

Mis fracasos son esas medallas que llegan luego, el aplauso que no escucho, la felicitación que antes de escucharla se pierde en el camino, el beso que me es negado, el abrazo que se suelta antes de llegar

Son esos momentos vencidos, la guía para encontrar dentro de mi misma el propósito para seguir, ese propósito que no se encuentra afuera sino adentro, rasgando dentro de mi para que salga entero. Esa incomodidad es la que hace que yo crezca.

Mis fracasos, jamás te los prestaré. Son los que me tienen aquí diciéndote que salgás adelante, que te llenes de fe, que no ves la luz cuando la esperas sino cuando tiene que llegar.  No te rindás, abrazá los tuyos propios.  Agradecéles. Tras su paso, habrás conquistado tu propia fortaleza, esa que nadie ni nada te quitará jamás.

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6 comentarios en “Mis fracasos valen más que el oro

  1. Precisamente ayer noche le escribí a mi ex. A ese hombre que vivió conmigo 17 años. El padre de mi hijo.
    Le escribí dándole gracias..me tomó 8 meses comprender que gracias a sus gritos, su forma de actuar y su infidelidad…yo soy más fuerte.
    Le dí las gracias por todo lo bueno que pasé con él, que fue mucho. Le dí gracias por enseñarme a amarme, a valorarme…sin que él se diera cuenta.
    Fueron muchas vivencias feas y hermosas…y por todo eso..le dí las gracias.

  2. Cuando siento esos “fracasos “ me digo a mí misma que me alegra que me hayan tocado a mi puerta, pues gracias a ellos me han hecho la mujer fuerte que soy ahora, que he crecido en mi inteligencia emocional, que me ha enseñado el verdadero valor de la vida con las personas que más me aman y amo… pero sobre todo que con eso me ha acercado más a Dios.

  3. Hago una leve observación: La vida no tiene fracasos, esta es la corrección, un grave problema es ver aquello que no resulto como esperábamos como un fracaso, ya que los resultados no esperados son simplemente lecciones aprendidas, nuevas oportunidades para enfrentar los retos y reestructurar las expectativas cuando así sea necesario. Desde el espacio lingüístico ayuda mucho precisamente a reconstruirse, si desde el principio le llamó diferente a aquello que no hemos logrado, o que no resulta como lo habíamos esperado.

    La observación la planteo por la relevancia que tiene el lenguaje que usamos para hablarnos, lo que vale más que el oro son los aprendizajes, las lecciones aprendidas, no los “fracasos”, enfocarse en la vida en que aquello que no logramos, es un fracaso, puede desde el espacio de la estructura profunda de la palabra y el ligamen de esta a las creencias limitantes, precisamente entorpecer la resiliencia, dificultando en el momento de la experiencia entender que detrás de todo hay un valioso aprendizaje.

    Cuando miramos lo acontecido con, se tiende a interpretar lo no logrado como fracaso, y algunos consiguen como expresa Lizeth, una vez pasado el tiempo, entender el oro, lo preciado de lo vivido, pues como decía Platón: “Una vida sin examen, no merece la pena ser vivida…”

    Mi aporte más que a la mirada posterior de lo acontecido, es una mirada más inmediata, es atender el preciso instante cuando el resultado de lo esperado no se da, para ahí en ese preciso momento, cambiar cualquier mensaje que nos queramos decir a nosotros mismos que venga impulsado por la idea de fracaso, e interrumpir ese sentir para promover el sentir del aprendizaje, para examinar lo acontecido con el fin de hacer correcciones en el camino, para atender mejor lo que esté a nuestro alcance, más aún cuando el supuesto fracaso se deriva de la mirada y el sentir de otros, pues éxito y fracaso son un sentir personal, cualquier mirada desde afuera es una subjetivdad que suele no ser constructiva.

    Así que gracias Lizeth, por dejar ver que en tu vida no ha existido el fracaso, sino las lecciones aprendidas, que son oro y que claro esta no pueden ser prestadas, pues tus aprendizajes son tuyos se dan bajo tu mapa de la percepción de tu interpretación del mundo, y aunque te los pidieran se desvanecerían en el otro, pues el otro vive distinto, interpreta diferente, ese otro podría no ver brillo en tu oro, o ni siquiera reconocerlo como tal…

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