El buen negocio de perdonar

– “El frasco de perdón es más caro que todos los demás”, dice el dependiente al comprador.

– “¿Aja? ¿Y por qué?” , le pregunta apoyado en el mostrador de vidrio.

– “Vea las instrucciones”.

El comprador lee en voz alta: “A ver…  No se agite.  Abra la tapa y tómese 70 veces 7 una dosis diaria. ¿Y por qué tanto? ¿Y no se acaba?”.

El dependiente explica:  “Si usted sigue viniendo acá, nunca se va a acabar.  Es algo que mi jefe le va a seguir dando si usted se lo pide”.

-¿Y cuánto cuesta el tal frasco este? Es como la pomada canaria!”, se burla el comprador.

-¿Que cuánto cuesta?  El viaje que usted haga hasta acá para reponer siempre la dosis.  No cuesta dinero. Cuesta tiempo”.

El comprador replica:  “Y cómo voy a sacar tiempo para venir a reponer el frasco cada vez que ocupe? Cada segundo de mi día es valiosísimo “.

-“Por eso es tan caro”, aclara el vendedor. “Usted tiene que tomar la decisión de tomarse este frasco. Al único que le va a hacer bien es a usted mismo. Es algo para usted. Es garantizado. ”

-Aquí traigo un dinerillo, deme un frasco.

-No, su dinero no alcanza. La moneda se llama tiempo. Es lo más caro que usted tiene.

-¿Y uno pasa sano todo el tiempo?  Me suena muy raro, algo malo debe tener. ¿Tiene efectos secundarios?

-Sí claro, dice sonriendo el vendedor. Eso es lo mejor, tiene efectos secundarios. El frasco de perdón produce paz, gozo y abandono.

-Ah ve, abandono. Eso no me suena nada bien. ¡Qué negocio! ¿Por qué dice que es bueno eso?

-Porque usted abandona el resentimiento y el odio en manos del jefe. Al tomarse la dosis, inmediatamente el jefe se encarga.

-Aja?

-Ajá.

-Llámeme a su jefe.  Me interesa el productito ese…es lo que ando buscando…es lo que me falta, no tengo paz, no tengo gozo y cargo con mucho peso en el alma.

-Soy yo mismo.

-¿Cómo?

-Es que ustedes los seres humanos creen mucho en las posiciones, en los títulos, en los números.  Yo te doy el frasco nuevo, cada vez que me lo pidás. Vení hasta acá, nos volvemos a encontrar y aquí voy a estar.

-Pero la verdad, no hice nada especial. Vine a este lugar después de llorar mucho y pedir ayuda aquí solo…Es más no sé cómo nos encontramos pero se siente muy bien.  Seguro que vas a estar aquí cuando te vuelva a pedir un frasco de perdón?

-Aquí estoy y jamás me voy a ir.    Tené tu primera dosis.

-Señor, por favor nunca te vayás.  Quedate aquí, conmigo.  Vos sabes mejor que yo, lo que necesito.

-Aquí me quedo. Aquí cada segundo que me necesités. Siempre te he amado y nunca dejaré de hacerlo. Te amo infinitamente.

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